sagitario blues

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  1. Un lector de Borges citando textual???? Dónde se ha visto, jajajaja. Borges, además de genio, además de muy mala persona, era un plagiador nato. Tal vez lo admiro más por esta última faceta que por la primera. Sus traducciones jamás traducían. Gracias por el comentario y por pasar a ver, un abrazo grande. Sergio
  2. Contá cual es tu idea del asunto, por favor, sería una manera de prevenir a los que damos clases de algún tipo. saludos
  3. Muy buena, se ve en 3 dimensiones, che.
  4. Hola, felicitaciones por el trabajo y por la mejora. Creo que sería de gran utilididad que, con ambas tomas de fondo, para que la comparación mande, cuentes los pasos que dieron por resultado la mejora en la imagen. Saludos. Sergio
  5. ¡No me hablen del átomo, esta es una clase de física! Por increíble que les parezca, escuché esta arenga desde la puerta entreabierta de una clase en un colegio secundario. El docente, sin solución de continuidad -como decía mi abuela María-, y como para explicar su postura, acotó: “Al átomo lo tratan en físico-química; esto es clase de física; acá hablamos de velocidades, de tiempos, de espacios…” No estaba fisgoneando cuando escuché tamaño dislate del orador. Había acudido a ofrecer una clase de astronomía y me dirigía en busca del director por un pasillo central cuando escuché el título de esta nota. Se imaginarán ustedes, pacientes y queridas lectoras / lectores de estos temas de… ¿astronomía, física, acaso físico-química? el modo en que me detuve, patitieso. Hubiera querido ver la expresión de mi cara, casi tanto como la cara de un buen amigo que me socorriera, entonces. No hubo tal a mi lado. Sólo, debí capear el momento. Pero helado estaba y allí me quedé, sin poder mover un pie. Solo mi cabeza, vuelta hacia la abertura que cedía la puerta, me permitió ver el interior del salón. Si pude ver al docente lo olvidé, como se olvidan los malos momentos cuando somos felices. Recuerdo, sí, a los y las jóvenes sentadas al azar –o bajo el secreto orden de los clanes, que solo podría conocer si fuera parte de ellos. Ninguno miraba al frente, hacia el maestro. Todos se aplicaban a algo: leían, unos; escribían, otros; muchos escuchaban radio a través de sus celulares con audífonos; charlaban entre sí los menos. Pensé, dios mío, cuánto quisiera que me preguntaran más por el átomo, esa ambivalencia inventada por los griegos a base de simples deducciones lógicas (acaso la mejor defensa en favor de los átomos se encuentra en el cuento el Libro de Arena, de Borges, donde se especula y teme dar a las llamas a un libro de infinitas hojas –es decir, de continua materia (las hojas) siempre divisibles en una parte más- ¡cuyo arder bien podría incinerar al mundo!); los átomos, decía, despreciados y erradicados del pensar antiguo por tipos de la calaña de Platón, quien mandó quemar cuanto libro se hallara de Demócrito; los átomos, digo, creados en el siglo IV AC y despreciados por Aristóteles, el “Filósofo”, como lo llamaban, quien asentó por un milenio esa tontería de los cuatro elementos, más el empíreo y la materia sutil, el éter, que bien duró hasta entrados los años 20 del siglo pasado. Pensé, cuánto me gusta hablar sobre el átomo, sobre los diversos conceptos que le dieron consistencia, sobre los genios que pudieron acotarlo; sobre aquellos que le dieron forma, peso, densidad, carga y varias propiedades más, las cuales ignoro. Y los otros genios, los que, por avanzar, retrocedieron, y nos dieron otra vez un mundo sin partículas ni certezas, sino poblado de ondas y azar. ¿Será parte de mi estupidez que me atraen las aulas aitas de gentes, ávidas por saber, como compruebo cada vez que puedo, cuando comparto una charla o taller -gratuito y abierto- en cualquier lado? ¿Será mi estolidez la que me hace amar cada pregunta como una oportunidad invaluable de hablar sobre ciencia, saberes, filosofías, conceptos, posibilidades? Sé que hay en mí una impaciencia que nace en mi creencia acerca de que me esfuerzo en hacer bien las cosas, que trato de atraer gentes hacia las ciencias, en especial hacia la astronomía –y no es así, son infinitos mis errores. Si envidio a los colegas docentes y a los estudiados profesionales es porque están allí, viven entre las paredes de un colegio, entre esas mentes sanas, jóvenes, capaces de comprenderlo todo, en especial aquello que a mí se me escapa. En Santa fe la escuela va bastante bien, creo. Modifica sus taras y lastres de a poco. Pero persisten docentes como este, capaces de hacer que un alumno acalle sus urgencias, sus curiosidades, su intelectualidad acerca del mundo. Por último, espero poder encontrar al Sarmiento de marras y recordarle que, antes que nada -antes que nada y desde los libros de Epicuro-, bien sabemos que, si algo posee un átomo, es movimiento, espacio y tiempo.
  6. Felicitaciones¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
  7. Juro por dios que si tuviera solo 40 mil morlacos en mi vida, la compraría y quedaría como estoy ahora... pero con la cámara en casa. Suerte.
  8. Sergio, tu explicación es perfecta, te la agradezco. Valoro tu persona y capacidad, y tu respeto al expresarte. Gracias por todo eso. De seguro será un éxito rotundo tal encuentro.
  9. Gracias. Eso pasó, por suerte, un alumno se anotó en la olimpiada de astonomía y ya solicitaron de otras 2 escuelas actividades similares. Gracias por tu tiempo y comentario. Sergio
  10. http://sagitarioblues.blogspot.com.ar/2017/05/talleres-de-astronomia-en-colegios-y.html Les dejo un breve resumen en el blog. 4 escuelas, un profesorado; unos 220 participantes. Hablamos de : con un 6to y dos 7mo : sol, relojes de sol, observaciones solares con un segundo año: geometría y astronomía; geometría euclídea, filosofía de la ciencia, Borges, Eratóstenes, Pitágoras, Aristarco, distancias a los astros, utilidad y alegría de los triángulos ¿? La importancia de las matemáticas, la geometría, la química, en las escuelas. con el profesorado de inicial y primaria: astronomía en la escuela: modelos científicos, ciencia en el aula, experimentos, la duda como motor, el método científico, las coordenadas, las observaciones posibles, lo programas emuladores, don Galileo y su tragedia por su saber, etc. etc.
  11. Bueno, felicitaciones... De todos modos, no comparto la filosofía de los organizadores: un evento que pretende reunir a expositores acerca de astronomía debería ser gratuito para estos. Saludos. Sergio
  12. El tiempo secreto Para Juanca y para todos aquellos que padecemos y amamos el ajedrez... y a Borges. Jerónimo Halik tiene once años y juega ajedrez en la escuela. Aprendió los movimientos de su padre y luego fue a un taller que dictaban en la sala de la parroquia, después de catequesis. Cuando tomó la comunión abandonó. Ahora se lo enseñan en el colegio, donde organizan torneos que desembocan a una Gran final. A Jerónimo no le gusta perder (¿a alguien le gusta?). Si bien nadie le exige más allá de lo normal – las tareas completas, las coreografías de los actos, el aspecto ordenado- cuando se le pone algo en la cabeza es capaz de cualquier cosa para lograrlo. Este año se le ha puesto que quiere clasificar y ganar la final del Escolar. De su casa trae la pasión tenaz por saber; de la parroquia, la promesa de que los esfuerzos propios serán premiados alguna vez; en la escuela le nació el anhelo de ganar a los de séptimo: con esas victorias quiere demostrar que nadie es más que él. Nadie, ni siquiera Julio Rode. Rode es un chico grandote, un poco bruto pero no torpe, con el cual ha perdido ya tres partidas importantes. En cada una pudo tener ventaja pero la mayor experiencia se impuso. Para peor, Julio es un poco agrandado y después de cada derrota lo ha cargado durante semanas. Es fácil creer que las cargadas le han dolido más que las derrotas. Y más que las cargadas le ha dolido el hecho de no haber podido calcular a tiempo las jugadas precisas que le hubieran dado sendas victorias. Porque después, en casa o en el aula, analizando con los compañeros con el tiempo suficiente*, han podido ver entre todos las oportunidades perdidas. Si hubiera sabido esas jugadas en el momento de la derrota, hubiera al menos podido acallar las cargadas, porque nadie carga si está perdido a la vista de todos. Clasificar fue sencillo, dada su determinación. En la mayoría de las partidas tuvo apuros de tiempo pero sus posiciones eran ya superiores, y logró los consabidos jaques mates por los que un aficionado se obsesiona. El día de la final había tres candidatos, él entre ellos. Cuando en la última ronda le tocó contra su archirrival, un triunfo le hubiera valido la copa y el título. Esta partida era en su mente como el enfrentamiento entre David y Goliat. La anécdota bíblica le gustaba pues su cuerpo era más bien pequeño al lado de semejante grandulón. Fue un peón dama con blancas, lento al principio y de maniobras. Pero sus piezas se encaminaron sobre el enroque corto de su Goliat. Sin embargo -qué difícil es hacer un uso correcto del tiempo- pensó mucho varias jugadas intermedias, y, aún sin decidirse, cuando por fin miró a su izquierda, el reloj marcaba un minuto para sí y tres para Rode. ¿Otra vez perdería? Sí. El tiempo se le había ido empeñado en calcular la variante que comenzaba con la entrega del alfil en h7. El problema era poder prever si el rey negro podía o no huir por e7 del mate de dama. Tic, tac, tic, tac. En lugar de jugar cerró los ojos y pidió Dios mío, déjame al menos el tiempo suficiente para ver si mi posición es o no ganadora… por favor… Abrió los ojos y vio con espanto que solo quedaban cinco segundos en su haber. Cuatro. Tres. Dos… La aguja se detuvo a un segundo de la caída de bandera*. Su vista estaba clavada en ese plastiquito rojo a punto de dictar la derrota. Pero no caía. No podía dejar de mirarla. Su rival, quieto, estaba congelado con las manos sobre la frente; la mirada en el enroque; de seguro él también estaba calculando qué pasaría si se jugara alfil x h7 jaque. Quiso mover el cuerpo. Quiso hablar. No pudo. Nada. Nadie se movía, nadie hablaba. Era como si… como si el mundo del torneo se hubiera detenido junto con la aguja del reloj. Entonces recordó el ruego que había hecho hacía un minuto o poco más –pero ahora el tiempo de su mente ya no era el del mundo- Había rogado por tener el tiempo necesario para calcular si alfil por h7 era gnadora o no… Aunque no tuviera ese tiempo en la realidad, es decir en la partida. Jerónimo recordó que muchas veces había dudado de los milagros que asegura la biblia: el mar que se abrió frente a Moisés; la multiplicación de los peces; el Lázaro de pie… Ahora creía en todo eso y más, pero lo más importante era calcular su serie de jugadas, demostrar si tenía o no razón. Por su mente deslumbrada pasaron las jugadas, una tras otra. Aquí perdía, allá era tablas… Al fin dio con la variante correcta. Sí. Había jaque mate. Las jugadas eran muchas y eran difíciles de ver, pero su tiempo secreto era un milagro y gracias a ese milagro pudo verlo todo. Alfil por hache siete y mate en cinco, gritó y casi se asustó al escucharse. Jugó su alfil y apretó el reloj y vio la bandera caer. El tiempo del mundo había regresado y con él la derrota. Esta vez nadie hizo burla de él, pues apenas soltó el reloj, extrañamente calmo, sonriendo para todos, íntimamente agradecido, recitó la secuencia ganadora. Fin Sergio Galarza *Recordemos que el ajedrez de torneo se juega con un reloj que fija el tiempo del que uno dispone para pensar. En el ajedrez de torneos podemos perder por jaque mate o por tiempo, si este se agota en el reloj, lo cual es acusado por la caída de una banderita roja.