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Encontramos 3 resultados

  1. Lluvia de meteoros Oriónidas

    Hola a todos, Muy animado con la lluvia de meteoros de anoche no solo porque cayó en noche sin Luna pero porque el cielo estaba pristino luego que llovió las dos noches anteriores. No me quejo por la lluvia y nubes porque llegaron a buen tiempo. La semana pasada se había desatado un incendio forestal a menos de 15 kilómetros donde vivimos y temiamos lo peor. Dos días los bomberos batallando el asunto y de repente llegó la lluvia después de casi 4 meses sin ver una gota de agua. Bueno en fin...volvamos a la Oriónidas . Pues hice maña mientras esperaba que Orión saliera sobre los árboles para ver si le podía ver y como a las 2am mi esposa se despertó y decidimos ir afuera a verlas. Estaba como a unos 5 o 6 grados afuera pero a mi personalmente no me dió duro porque sabía que la casa estaba calientita al volve (adoro que las casas aquí tienen aislamiento térmico y calefacción). Desde mi casa, Orión estaba todavía en medio de los árboles así que nos alejamos unos cuantos metros de la casa hasta que dimos con un pedacito que dejaba ver a Orión. Todo era silencioso pero en el fondo se escuchaban sonidos de animales silvestres (quizás mapaches) y de vez en cuando el viento tumbaba algunas ramas de las secuoyas. Yo llevaba la cámara con un trípode y pues la idea era capturar alguito...aunque fuera uno solo. Comencé a hacer tomas de 20 segundos haber si en alguno de esos salía algo. Desafortunadamente solo había una ventanita de cielo y pues los chances de ver algo eran menores. Pues en solo media hora que estuvimos afuera y con la ventanita que teniamos, pudimos ver 4. Pequeños fugaces trozos de cometa que se colaron por nuestra atmósfera y justo coincidieron con el campo de visión que teníamos. Ninguno lo pude capturar en la cámara. Yo le apunté a Orión y tres de ellos saltaron cerca de Tauro mientras que uno estuvo muy abajo cerca de las ramas. Ya tengo ganas de tener un vehículo y poder haber salido a un paraje mas abierto para ver mas. Esta noche pinta bien y voy a ver si me animo a ver algo más. Mientras tanto les dejo esta fotito que tomé de Orión y un avioncito que se coló durante la exposición. No poco y nada de Astrofoto. Saqué como 10 tomas en Raw siguiendo las indicaciones de un forista de un foro gringo que sigo y me gustaron los resultados. Están todas en bruto (RAW) y pues hay medio haciendo dí con el chiste para pasar una a JPG. Si alguién se quiere animar a ayudarme a hacer algo con estas tomas (tengo esperanzas en que @fbuezas se anime), le envío los archivos por correo. Saludos
  2. Hola Gente, hace mucho que no escribo pero la verdad que con los meses fuleros que venimos teniendo solo me dedico a ver las estrellas dandome la cabeza contra la pared Como pregunté en el título. Alguien sabe hacia donde apuntar , cuando hacerlo y desde donde para ver el cometa halley? dicen que este finde se va a poder ver bien pero ninguno de los sitios que conozco dice exactamente como verlo, todos copipastean información incompleta. agradeceré sus comentarios
  3. Buenas noches, colegas de EP. No sé si es aquí donde puedo compartir esta experiencia con ustedes dado que soy nuevo, pero algún moderador aparecerá y corregirá El título resume lo que recién ahora, la noche del martes, opino acerca de algo que viví este último sábado, 22 de octubre: la mejor noche de mi vida. Todo comenzó a principio de mes, cuando leí acerca de las Oriónidas. Me sobraban unos días de descanso en el trabajo, unos morlacos por aquí y dos oculares recién compraditos pidiendo oscuridad. Me dije: "Bueno, podría ser interesante pegarse una escapadita con amigos y llevar el tubo para comerse un viaje como Dios manda". Luego de meditar con el homebanking le escribí a mis amistades. ¿El destino tentativo? Barreal, Calingasta, hogar de La Pampa del Leoncito y del CASLEO, como ustedes saben. El plan original era partir el jueves a la noche, cerca de la una, para pararnos en el camino a estirar las piernas y contemplar el cielo en la ruta; llegar, descansar y por la noche ir a La Pampa del Leoncito a fundirnos con el cosmos... pero no se pudo. Diversos problemas, entre ellos de responsabilidades, impedían que mis amigos sacrificaran tres de sus días en caravanear al pie de la cordillera: algunos por el trabajo, y algunas por la facultad. Los que podían el viernes y el domingo no podían el jueves y el sábado; y aquellas que podían salir el jueves debían volver el domingo al mediodía. Sólo existía una posibilidad: el sábado a la noche. Plantee la idea de salir desde la ciudad bien temprano, después de almuerzo, y llegar a Barreal a la nochecita; ir a La Pampa del Leoncito a observar y tomar algo y pegar la vuelta antes del amanecer, pero me contestaron que semejante viaje ameritaba un buen descanso y unos días para aprovecharlo bien. ¿Entonces? Algo más cerca, sin contaminación lumínica y que ofreciera seguridad... La respuesta fue (y será muchas veces más) Talacasto, un paraje precordillerano lo suficientemente alejado como para estar completamente oscuro (salvo hacia el sur, en una pequeña fracción besando el horizonte y no muy alta, donde está la ciudad de San Juan) pero lo suficientemente cercano como para poder ir y volver sin muchos contratiempos. Como chiste del destino, está casi a mitad de camino de Barreal: Afortunadamente este plan sí tuvo adhesiones, por lo que partimos siete personas y un telescopio en dos autos, a las siete de la tarde, y con (advertencia, las siguientes palabras pueden provocar ganas de prenderse un fueguito): una punta de espalda, unos cuantos choris y morcillas, dos Malbec, un fernet, elementos para preparar ruso blanco (vodka, licor de café, leche y crema), y los ingredientes para la ensaladita. Déjelo, nomás, como dicen por acá. Llegamos cerca de las ocho y media y lo primero que hicimos fue escalar. Subimos al cerro más chico del paraje con el objetivo de tirarnos a mirar el cielo desde la altura y la nada misma. Una vez arriba, repuestos del cansancio, nos recostamos a mirar la inmensidad: Venus se escapaba hacia el oeste entre dos cerros, formando una V, y casi en el cenit estaba Marte. Oportunamente estábamos observándolo cuando un chorro blanco cruzó el cielo, se iluminó de golpe y continuó su caída como una bolita de fuego anaranjada. Frenó su marcha un poco, se volvió a iluminar con llamas y como una gigantesca caña voladora explotó en tres grandes pedazos incandecentes que se perdieron lentamente en el cielo oscuro. No eran las todavía las nueve de la noche cuando pasó esto. Lo hermoso de hacer estas cosas con gente a la que le interesa la astronomía pero no sabe mucho acerca de ella es la pedagogía, la clase magistral al aire libre y la posibilidad de jugar a ser Carl Sagan: explicar desde por qué cayó ese bólido hasta el porqué de tantos fósiles en esos cerrillos perdidos a la vera de la ruta. Mágico. Estuvimos media hora tirados aplastados por la inmensidad celeste, hasta que me acordé del fernet y del fuego del asado. Prioridades son prioridades. Al bajar armamos las reposeras y tiramos las colchas en el lecho de un río seco (el Talacasto, justamente, que lleva agua sólo cuando llueve) y al ritmo de Los Redondos el hielo del fernet tintineaba en nuestros copones... y allá arriba esas estrellas eran nuestro lujo. Crepitar del fuego, Todo un palo, fernet y bolas termonucleares a miles y miles de millones de kilómetros. Eran las diez y monedas y con las brasas listas, yo ya estaba plenamente feliz. Pero todavía faltaba. Era momento de armar el telescopio, las Pléyades asomaban por el horizonte y para un neófito como yo es señal inequívoca de que hay algo hermoso para apuntarle. Ténganme paciencia: ya podré disfrutar de todo lo que ya había para ver pero que por el momento mi ignorancia me lo impide. Con el bicho armado y esperando por una altura mejor para ese espectáculo estelar me senté en la reposera nuevamente. Ahora sonaba Zeppelin y la punta de espalda, que chirreaba lastimosa al ritmo de un fuego lento y paciente. Más fernet, por favor. ¡Ohhh! Otra estrella fugaz... Once y media de la noche. La carne lleva una hora asándose de un lado, a fuego leeento... es momento de darla vuelta, agregarle jarilla y poner los choris y las morcillas. Ya no nos queda fernet y Orión aparece por el horizonte. Abro el primer Malbec y saco esta foto: Con el cazador ya medio formado me preguntan qué forma tiene esa constelación, si son sólo las Tres Marías o la conforman más estrellas. Les digo que, al revés, porque fue bautizada desde el hemisferio norte, tiene el aspecto de un cazador con su escudo y su espada, o garrote; que allí en donde se ve una diagonal de estrellas difusas, "la funda de la espada", está una de las nebulosas más hermosas y fáciles de ver. "No, che... no le cazo la forma", me dice una de mis amigas. Le respondo que tiene que mirarlo al revés, pero no... ¡se complica desde el sur, che! Así que procedo a contarles "mi" Orión, lo que a mí me gusta ver en esa constelación: un cazador, sí, pero con un arco y una flecha. No hace falta darse vuelta: está ahí, apuntando australmente. Nada de escudos ni posturas torticolescas. Astronomía revolucionaria, me dice un amigo. Quizás tenga razón. Es momento de usar el telescopio. A la carne le quedan 40 minutos. Alineo el buscador y pongo el ocular de 20 mm que vino con el reflector, apunto a Orión. Doy con la Gran Nebulosa y se ve hermosa, perfecta. Nada que ver con la mancha brillante que veo desde la ciudad. Acá se le ven los filamentos, los bordes, las zonas oscuras. Mis amigos hacen fila y van pasando de a uno. Se maravillan. A una de las chicas le cayó una lágrima. Pero eso no es todo: abro una cajita blanca que me mandaron desde Duoptic, saco de adentro otra cajita negra y extraigo un reluciente BST de 18 mm, seleccionado luego de leer muchas entradas en este foro. Lo pongo nervioso. Me han hablado bien de él. Tengo miedo de desilusionarme... Pero no. ¿Por qué? ¿Por qué esperé tanto para ver esto? ¡Y eso que sólo es una nebulosa de las tantas que hay! Indescriptible. Así. No hay palabras en este u otro idioma para decirles lo que sentí en ese momento o lo que siento ahora al recordar cómo vi esa maravilla infinita, brillante, contrastada, en full HD 4K 2.0 nunca taxi que me regaló la vida, Talacasto, San Juan, la jarilla y la reconch** de mi vieja qué rico que está este Malbec. Qué rico que está estar vivo... Nos pasamos los 40 minutos mirando solamente Orión, y la carne nos chifló para servirla: ¿Vieron la punta que está al lado de los choris y el morrón? Bueno, después de dos horas de cocción lenta y paciente la pinché para moverla y poder cortarla... y se desprendió sola. Así de tierna estaba. Chau, todo está perdido. Abrimos el otro Malbec, serví la carne el éxtasis se apoderó de todos. En fin. La pasamos muy bien en la cena, pero faltaba más... Cerca de las dos volvimos a escalar el cerro con la intención de ver la salida de la Luna, pues la formación geológica nos tapaba un poco el Este. Una vez encaminados la magia volvió a aparecer en forma de estrellas fugaces, que nos marcaban el camino en el ascenso. La nitidez de cada caída era extraordinaria. Al llegar a la cima la Luna ya había aparecido por el horizonte, pero le faltaba casi la mitad de abajo... ahí volvimos a sentirnos conectados con el cosmos: una línea negra que nacía de la silueta de los cerros y bajaba hasta el llano de la ruta se fundía con el rojo del satélite, que iluminaba con fuego un cielo que ya no sería del todo oscuro. Y allí, con una luna gigante y ya anaranjada, somnolienta, perezosa ante la mirada de siete locos con ruso blanco en sus manos sentados en un cerro precordillerano, plagado de fósiles, con la música de Cosmos en un celular, cayeron dos meteoros, uno atrás del otro, justo debajo de Selene. Así, así fue... de postal, de película, de Disney, de lo que quieran... así fue y me lo llevo hasta la eternidad: hermoso. Esta vez no hubo gritos ni expresiones de asombro. Fue un silencio de segundos eternos que finalizó con un "¿vieron eso?" seguido por otro silencio. Lo vimos. Lo vimos todos y ya no pudimos decir nada más hasta bajar, casi una hora después. Allí nos esperaba nuevamente el telescopio, firme en la noche. Ahora apunté a la Luna, que aparecía por arriba del cerro donde unos minutos antes nos fundimos con el todo. Y otra vez las lágrimas de aquellos que miraban por primera vez a nuestra compañera a través de un tubo... y esta vez le tocó al BST de 5 mm. Ya nada sería igual. Ya está. Si esto fue en Talacasto, a 80 km de San Juan, no me quiero imaginar lo que va a ser Barreal. No quiero. No. Perdón por hacerla tan larga, pero les confieso que he omitido mucho para evitar el tedío. Quiero pedir perdón por las fotos que nada tienen que ver con la actividad de este foro, pero como le dije a una amiga este sábado: a veces la astronomía no sólo es mirar el cielo, a veces es eso y todo lo demás.
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