Ese día todo el mundo rogaba por que hubiera buenos cielos, todo el mundo, desde el más chico al más grande pedía por buen tiempo, y fue tan unánime y sentido el pedido, que esa noche la bóveda celeste pareció iluminar mas intensamente de lo normal. Entre estrellas y planetas, nebulosas y galaxias, mucho de camaradería y entusiasmo, el sábado 14 de julio pasado, cerca de 30 aficionados se congregaron en las tierras bonaerenses de Lobos para disfrutar de una fiesta astronómica como solo el I.S.C.A puede ofrecer.
A las 16:00 empezaron a llegar a la sede del Instituto en Villa del Parque autos cargados de ilusiones y telescopios, con deseos de observar el cielo y compartir conocimientos, uno tras otro comenzaron a formar una caravana, que cuando arranco no se detuvo hasta la rotonda de Cañuelas para comprar algún tentempié. Minutos antes de llegar al lugar elegido cerca de las 18:00 ya podían verse hacia el nor-oeste al brillante Venus, y por debajo al rezagado Saturno. Antes de las 19:00, y formando una ronda india con los autos, los telescopios y demás accesorios ya estaban armados en el centro. El entusiasmo podía palparse en el ambiente, incluso el frió que se avecinaba no parecía ser en lo absoluto motivo de distracción. Cuando cerca de las 20:30 arribó el ultimo grupo de aficionados proveniente de Bahía Blanca, la star party ya estaba completa.
“Lo mejor para empezar es algún planeta, Júpiter esta para tentarse” decían algunos mientras abrían sus computadoras portátiles. “Yo empiezo con alguna nebulosa, la de la Laguna y Trifides son majestuosas” comentaba otro. El cielo estaba tan limpio, la Vía Láctea se presentaba tan hermosamente blanca, que no podían elegir entre cúmulos, galaxias, nebulosas o planetas. “Con tantas estrellas es fácil perderse, casi no se distinguen las constelaciones” era la frase que se escuchaba por doquier. La comparación puede ser oportuna, ya que la mayor parte de los aficionados del evento están acostumbrados a observar desde los sucios cielos de Capital y Gran Buenos Aires, donde de este a oeste solo se alcanzan a ver unas 300 estrellas, mientras que en lugares alejados de los centros urbanos como la localidad de Lobos, se llegan a ver cerca de 3 mil. Bajo esas condiciones y con una atmósfera muy poco turbulenta, sin ningún tipo de formación nubosa, no fue nada raro que algunos se animaran a la astrofotografía, incluso con exposiciones de varios minutos. Cerca de las 22:00, se produjo un intervalo, todos se animaron a dejar por un rato los telescopios para sentarse a la manera de una gran familia y llenar los estómagos con comida caliente. La parrilla estaba encendida hacía rato y las hamburguesas asadas no podían hacerse esperar. Entre risas y charlas amenas, todos comentaban sus experiencias y compartían información, incluso la cena fue motivo para debatir sobre los astros.
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| Ni una miga quedo |
Luego del tradicional café, esta vez más caliente de lo común, los telescopios estaban otra vez apuntando hacia el cielo, ahora si el frió amenazaba la permanencia, pero el firmamento era tan limpio y oscuro que no se podía dejar de observar. Por la buena onda de los aficionados y las expresiones de asombro por la vastedad que el cielo ofrecía la fiesta transcurría como se la había imaginado. Cerca de las 24:00 algunos niños ya se habían metido en los autos para resguardarse del roció y conciliar un leve sueño, excelente oportunidad para que los padres pudiesen sacar alguna fotografía sin ninguna distracción. Algunos pudieron observar por primera vez las nubes de Magallanes, imposibles desde los cielos porteños, mientras otros se animaron a los globulares, 47 tucán y Omega Centauri parecían estallar desde el newtoniano de 254mm provisto por el I.S.C.A.
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| Nebulosa Laguna |
Aproximadamente alas 02:30 los comentarios sobre el frío empezaron a resonar mas fuerte, cuando se percibió en los telescopios una capa de hielo firme y el termómetro digital marcaba 3,6º bajo cero de temperatura, la cosa se puso fea. Después de 8 horas de intensa observación inigualable la fiesta llegaba a su fin, pero sin uso de equipamiento óptico, el retorno al hogar sirvió para conocerse entre los aficionados y seguir debatiendo sobre astronomía. Sin lugar a dudas la experiencia fue más que satisfactoria y la próxima ya se esta haciendo esperar. Quizá con menos frió, pero con las mismas expectativas y pasión, una vez más la Astronomía será la excusa para que continúe creciendo la participación social en eventos de índole científica.
Marcelo S. Abelenda para Espacioprofundo.com
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