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Letra: Chica Grande




Notas de Opinión - Venus: Cuando el otro puede convertirse en uno  Recomendar el sitio a un amigo Opinar sobre este tema en los foros 336 visitas

Quizás el caso más paradigmático sea aquel que compara la Tierra con otro planeta del sistema solar, ese que dio en llamarse el planeta hermano de la tierra, incluso algunos lo llamaron el gemelo. No es otro que Venus.


Trabajo enviado por:
Marcelo AbelendaMarcelo S. Abelenda

Licenciado en Ciencias de la Comunicación U.B.A.

 



 
Si algo caracteriza al hombre es el juego de las comparaciones y las diferencias. Se comparan comportamientos, conductas, actitudes, se miden distancias, tamaños y formas. Se intenta diferenciarse o aproximarse al otro dependiendo de los intereses puestos en juego. El otro es representado tanto por la naturaleza, eso distinto a mi, eso que no soy,  y el otro que puede ser el prójimo, el ser humano que no soy.

Analizado por la antropología, este juego recibe el nombre de la “otredad”, el otro que es distinto a uno, se lo estudia por la diferencia, por la desigualdad o por la diversidad. La astronomía, como construcción del hombre, no puede quedar ajena a este fenómeno. Por supuesto que en astronomía, esto no puede trasladarse mecánicamente porque carecería de sentido, pero de una u otra forma, las comparaciones existen, se hacen presentes, incluso en esta ciencia dura.

Quizás el caso más paradigmático sea aquel que compara la Tierra con otro planeta del sistema solar, ese que dio en llamarse el planeta hermano de la tierra, incluso algunos lo llamaron el gemelo. No es otro que Venus.

Recibió su nombre en la antigüedad, en honor a la diosa del amor y la belleza, tiene un tamaño similar y un diámetro ecuatorial de 12.104km, apenas un poco menor al de la Tierra, su masa es el 81% de la Tierra y su densidad 5.24 respecto del agua. Hasta aquí, en el juego de las comparaciones, todo queda bien, pero las investigaciones de los últimos 20 años,  han demostrado, a través de sondas espaciales, que lo de “Hermano gemelo” es demasiado.

En verdad, Venus, es un infierno, muy lejos del apacible planeta Tierra.

Venus tiene una atmósfera que, en la superficie, tiene una presión 90 veces la de la Tierra. A diferencia de la atmósfera de la Tierra, que está mayormente compuesta de nitrógeno y oxígeno, la atmósfera de Venus está compuesta de 97% de dióxido de carbono, con la mayoría del resto formado por  nitrógeno y argón. Como consecuencia de la cantidad de dióxido de carbono presente en su atmósfera,  Venus sufre de un efecto invernadero de proporciones y magnitudes desbocadas, que lo convierten en una caldera.

La superficie de Venus está siempre cubierta por densas nubes formadas por gotas de ácido sulfúrico diluido creadas por la acción de la luz solar sobre el dióxido de carbono, compuestos de azufre y vapor de agua presentes en la atmósfera.
 

Bandas nubosas sobre Venus.

Imagen artística de la superficie Venusina


                        
 
Así, la superficie de Venus se calienta a una temperatura de 470° C. Todo parece indicar que las posibilidades de hallar vida confortable y segura en Venus, son bajísimas.

Si bien esto termina de diferenciar a Venus de la Tierra, hay algo que sigue dando vueltas en los posibles lazos familiares de ambos planetas, y ese lazo, se nutre dia a dia por la acción del mismo hombre en su planeta hogar.

Por un lado el ser humano, crece y progresa conociéndose a si mismo, conociendo el medio ambiente donde vive, y conociendo el cosmos. La ciencia juega así un papel preponderante. Pero por otro lado, es el mismo ser humano que irracionalmente depreda, destruye y pone en peligro su propio hábitat, en este sentido no es para nada “absurdo” pensar en la posibilidad de que haya existido vida en Venus y que esa misma vida haya sido auto-destruida, y es este quizá el lazo que “peligrosamente” pueda unir los destinos de la Tierra y Venus. La destrucción de la capa de ozono, el creciente efecto invernadero, la polución, la contaminación ambiental, el deshielo constante, son solo algunos indicios.
 

 

 

Imagen en falso color de la superficie de Venus obtenida por la sonda Magallanes. (Izquierda). Reconocible aspecto del hermoso planeta tierra. (derecha).

 

Es realmente una conclusión sabia el pensar que, conocer otros planetas puede ayudar y mucho a conocer el planeta tierra,  sobre todo en lo que refiere a la evolución geológica, atmosférica, ecológica, es decir, aquellas ciencias que se encargan en líneas generales de la vida natural terrícola.

La duda que surge, o puede surgir, es saber si, la importancia de estos conocimientos no se ve afectada, en gran medida, por el accionar contradictorio del ser humano. Cuando se conozca científicamente, todo sobre la tierra, ¿habrá posibilidades de seguir viviendo aquí? Mientras el ser humano siga destruyendo los recursos naturales, en pos de una cultura de ultra consumo absurdo, cuyas consecuencias, climáticas, ecológicas ya se sienten por doquier, ¿habrá valido la pena el conocimiento de otros mundos y el propio, sin tener en cuenta algo primordial como lo es el “accionar social del hombre”?

Por supuesto, estas preguntas, lejos de quitarle validez, importancia y seriedad a aquellas actividades científicas en pos de un conocimiento  más acabado de la naturaleza, solo se engendran como punta pie inicial, como un despertar inclusivo, global, de lo que podría ser más fructífero para la civilización toda.

El choque de culturas, el choque de civilizaciones, la irracionalidad económica, y toda acción ilógica contra la vida misma, puede ser, incluso, mucho más peligroso que el asteroide mas grande jamás visto acercándose peligrosamente hacia la tierra, o el calor cósmico abrazando superficies planetarias.

El planeta tierra permite la vida, en las formas más hermosas que puedan existir, conocerlo es una necesidad, incluso, una responsabilidad, pero  protegerlo, parece todo un desafío. Será cuestión del propio ser humano, saber si podrá lograrlo.

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